viernes, 19 de diciembre de 2014

Capítulo 1

Capítulo 1:

Es de noche y todo está muy oscuro. Se oyen acercarse aviones por encima de nuestras cabezas. El viento arrastra con si gritos de dolor que pertenecen a los vecinos, veo como papá y mamá se mueven de un lado para otro, no sé qué es lo que buscan. Mamá coge a Dean, el es mi hermano, tiene cinco años y no entiende lo que pasa. Papá sigue cogiendo cosas sin descansar, se le ve cansado y muy preocupado, es obvio, nos están bombardeando. Mamá viene corriendo hacia mí, -está agotada- me abraza e intenta tranquilizarme con sus palabras, cree que soy una niña y que no sé qué estamos en una situación muy grave. ¿Cuándo entenderá que ya tengo diecinueve años?
En realidad solo hace este tipo de gestos cuando es ella la que necesita que alguien le da un abrazo.
-Tranquila cariño, no te preocupes, pronto esto acabará.
- Pero mamá si según tu todo va bien, ¿Por qué estás tan nerviosa?-pregunta mi hermano. Tiene fama de hacer preguntas en el momento equivocado.
-Porque estamos en guerra enano.
-Casia, no le digas eso a tu hermano. –me dice mi madre.
-¿Estamos en guerra? ¿Qué quiere decir eso?
-Pues que nos van a matar y no vas a volver a jugar con tus amiguitos nunca más.
-¡Mamá, mira lo que está diciendo!
-Para de decirle esas cosas, lo vas a asustar. –grita mi madre alterada.
El enano empieza a berrear, vaya me estoy ganando una buena bronca.
-¡Pero si solo le estoy diciendo la verdad! –respondo a la defensiva.
-¡Chrístopher! ¡Mira lo que está consiguiendo tu hija!-mamá señala a Dean que está acurrucado abrazando a su oso mientras llora.
Papá me dirige una mirada que quiere decir: ya estás arreglándolo, porque como tenga que solucionarlo yo…
Mejor no acabo la frase.
Agarro a mi hermano del brazo y me siento a su lado.
-Solo es una broma Dean, solo intentaba asustarte.
-¿Una broma? –pregunta el secándose las lágrimas con el dorso de la mano.
Miro hacia mi padre y el me dedica una sonrisa de aprobación.
-Pero si no es una guerra, ¿qué es?
-Fuegos artificiales.
-¿Fegos antifiables?
-¡No! FUEGOS ARTIFICIALES.
-¿Qué son los fegos antifiables?
-No, se dice FUE-GOS-AR-TI-FI-CIA-LES. Son... ¿Te acuerdas de las fiestas del pueblo que hacemos en verano? –el afirma con la cabeza- Pues solo son, ¿cómo les decías tú? Mmm… colores en el cielo.
-¿Los fegos antifiables son los colores en el cielo? ¿Los que vimos esa noche?
-Sí, pero se dice fuegos artificiales, no te inventes el nombre.
-Esa noche después de los fegos ant… los colores en el cielo, tú te fuiste al jardín de atrás mientras todos entraron en casa. Cuando me acerqué a ti vi que estabas llorando, me senté a tu lado, pero tú me empujaste y dijiste que todo era por mi culpa, que te dejase sola.
¿La guerra también es por mi culpa?
-No te he podido engañar, eh enano. –el mueve la cabeza con mucha energía. Se me acerca y me susurra muy bajito:
-Si fueran fegos antifiables, perdón fegos antiinflamables, no, bueno como se llamen, estaríamos viéndolos por la ventana y papá y mamá no estarían tan nerviosos.
-¿Tú también te has dado cuenta?
-Sí, ellos dicen que están jugando a ver quién coge más cosas, pero yo sé que es mentira, ese juego no existe. –me seca las lágrimas de los ojos con su pequeña mano de marfil.- No llores Casia, siempre estaré contigo.
   Lo abrazo y le doy un beso mientras el patalea y se niega a que lo toque, lo mismo que hace siempre que le demuestro mi afecto. Es decir en raras ocasiones como por ejemplo esta misma.  
-Casia, no me has respondido.
-No enano, la guerra no es por tu culpa.
-¿Pero por qué hay guerra?
-¿Ya te han explicado en el cole como es el mundo y como están repartidas las tierras?     
-Si. Hay dos continentes, Bélfegor, el 1 Continente que es este y Yalder, el 2 Continente.
-Exacto, pues cada uno tiene un gobernador.
-¿Qué es un gonenador?
-GO-BER-NA-DOR. Pues es un señor que manda en todo lo que es suyo.
-¿Igual que los antiguos reyes de los cuentos?
-Si, como un rey. 
-Pero, ¿por qué hay guerra?
-Porque el gobernador que hay en el otro continente quiere dominar todo el mundo.
-Pero...
-Casia tomad estas mochilas y bajad al sótano.
-¿Por qué? –pregunta el muy estúpido.
-No salgáis hasta que todo esto acabe. No, no salgáis durante un buen tiempo, aquí tenéis todo lo necesario para poder estar un par de semanas escondidos.
-¿Pero vosotros también vendréis no? –le pregunto.
-Primero tenemos que hacer una cosa. En unos minutos estamos con vosotros.
Mamá le da un beso y un abrazo a Dean y se me acerca a mí. Me abraza muy fuerte y me da un beso, cosa que no hacía desde hace mucho.
-Cuida de tu hermano, te necesita. –esto me suena. Hace unos años me dijo algo parecido cuando tuvimos que mudarnos aquí.
-Tranquila mamá, cuidaré de él.
-Te quiero. –¿tiene los ojos llorosos?
-¿Mamá, esto no es una despedida verdad?
-Creo que sí, Casia.
-Te quiero mamá, cuidaré de Dean, te lo prometo.
-Confío en ti hija.
Papá que ya se ha despedido de Dean me da un beso y me abraza fuertemente contra su pecho.
-Casia, mi pequeña Casia, mi princesa. Te voy a echar mucho de menos.
-Te quiero papá. –las lágrimas corren a gran velocidad por mis mejillas. Lo abrazo con todas mis fuerza. No quiero que nadie lo separe de mí.
-Casia, no llores.
-Pero…
-¿Sabías que tu nombre significa fuerza? –niego con la cabeza- Tu debes ser así, no le tengas miedo a nada, tu puedes derrumbar todos los obstáculos que hay en la vida. Simplemente porque eres fuerte.
-Pero papá, tu no vas a estar junto a mí para ayudarme. No vas a estar para consolarme si fallo, no vas a estar si necesito tus consejos.
-Claro que estaré. –Se separa de mi – Siempre estaré aquí, en tu corazón. Háblame, y yo esté donde esté, escucharé.
 Me da un último beso y me separa de él.
-Ahora corre Casia, esconderos y no salgáis para nada.
    Cojo a mi hermano de la mano y lo arrastro hacia el sótano, bajamos las escaleras y veo como papá devuelve a su sitio la estantería. Y coloca más libros para que no entre la luz del sol y así nadie nos pueda ver.
Nos quedamos unos minutos a oscuras cuando oímos un extraño sonido, como si se hubiese derrumbado la pared izquierda en la que colgamos las fotos familiares y los dibujos de Dean.
-¿Casia, qué pasa?
-Quédate aquí y no te muevas.
Subo las escaleras, empujo un poco la estantería con todas mis fuerzas y consigo obtener una rendija por la cual puedo ver lo que está sucediendo en el exterior.
Observo con incredulidad, como un tanque ha atravesado la pared de las fotos, hace unos segundos y bajo el se encuentra mamá. Papá está sentado a su lado tranquilizándola, acariciándole la cara ensangrentada.
Veo como los soldados se interponen entre la única salida y contemplan la escena con una fría sonrisa, todos excepto uno, que parece entristecido. Estoy a punto de gritarles que quiten la odiosa máquina de encima de ella, pero me callo porque sé que correríamos un grave peligro si se me ocurre abrir la boca, todos los esfuerzos de mis padres para escondernos de estos soldados no habrían servido de nada.
Después de caricias y palabras dulces mi madre muere. Obvio, debe de haber perdido tanta sangre…
Papá se levanta, él siempre decía que nunca sería humillado por unos soldados de pacotilla, y si tenía que morir en sus manos lo haría con la cabeza bien alta.
Eso mismo fue lo que hizo. Les miro a los ojos y dijo dos palabras:
-Lo pagareis.                                                                                                                                       
Sueltan unas horrorosas carcajadas y le disparan.
No entiendo como en este mundo existen personas que pueden asesinar a sangre fría, sin tener remordimientos.   
Empiezo a llorar de nuevo y me encojo sobre mi misma.
Mis padres han sacrificado sus vidas para salvarnos, y así impedir que nos hicieran lo mismo.
¿Cómo es posible que en unos minutos mi vida haya podido cambiar? ¿Por qué me pasa esto a mí?
-Lastima, la mujer era guapa. –dice uno de los soldados. 
Oigo como se alejan con sus asquerosas risas.

Bajo lentamente las escaleras hasta llegar junto a mi hermano. Está abrazando a su osito y no dice ni una palabra. Me siento a su lado y los abrazo a ambos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario