Capítulo 1:
Es de noche y todo está muy
oscuro. Se oyen acercarse aviones por encima de nuestras cabezas. El viento
arrastra con si gritos de dolor que pertenecen a los vecinos, veo como papá y
mamá se mueven de un lado para otro, no sé qué es lo que buscan. Mamá coge a
Dean, el es mi hermano, tiene cinco años y no entiende lo que pasa. Papá sigue
cogiendo cosas sin descansar, se le ve cansado y muy preocupado, es obvio, nos
están bombardeando. Mamá viene corriendo hacia mí, -está agotada- me abraza e intenta
tranquilizarme con sus palabras, cree que soy una niña y que no sé qué estamos
en una situación muy grave. ¿Cuándo entenderá que ya tengo diecinueve años?
En realidad solo hace este tipo
de gestos cuando es ella la que necesita que alguien le da un abrazo.
-Tranquila cariño, no te
preocupes, pronto esto acabará.
- Pero mamá si según tu todo va
bien, ¿Por qué estás tan nerviosa?-pregunta mi hermano. Tiene fama de hacer
preguntas en el momento equivocado.
-Porque estamos en guerra enano.
-Casia, no le digas eso a tu
hermano. –me dice mi madre.
-¿Estamos en guerra? ¿Qué quiere
decir eso?
-Pues que nos van a matar y no
vas a volver a jugar con tus amiguitos nunca más.
-¡Mamá, mira lo que está
diciendo!
-Para de decirle esas cosas, lo
vas a asustar. –grita mi madre alterada.
El enano empieza a berrear, vaya
me estoy ganando una buena bronca.
-¡Pero si solo le estoy diciendo
la verdad! –respondo a la defensiva.
-¡Chrístopher! ¡Mira lo que está
consiguiendo tu hija!-mamá señala a Dean que está acurrucado abrazando a su oso
mientras llora.
Papá me dirige una mirada que
quiere decir: ya estás arreglándolo, porque como tenga que solucionarlo yo…
Mejor no acabo la frase.
Agarro a mi hermano del brazo y
me siento a su lado.
-Solo es una broma Dean, solo
intentaba asustarte.
-¿Una broma? –pregunta el
secándose las lágrimas con el dorso de la mano.
Miro hacia mi padre y el me
dedica una sonrisa de aprobación.
-Pero si no es una guerra, ¿qué
es?
-Fuegos artificiales.
-¿Fegos antifiables?
-¡No! FUEGOS ARTIFICIALES.
-¿Qué son los fegos antifiables?
-No, se dice
FUE-GOS-AR-TI-FI-CIA-LES. Son... ¿Te acuerdas de las fiestas del pueblo que
hacemos en verano? –el afirma con la cabeza- Pues solo son, ¿cómo les decías tú?
Mmm… colores en el cielo.
-¿Los fegos antifiables son los
colores en el cielo? ¿Los que vimos esa noche?
-Sí, pero se dice fuegos
artificiales, no te inventes el nombre.
-Esa noche después de los fegos ant…
los colores en el cielo, tú te fuiste al jardín de atrás mientras todos
entraron en casa. Cuando me acerqué a ti vi que estabas llorando, me senté a tu
lado, pero tú me empujaste y dijiste que todo era por mi culpa, que te dejase
sola.
¿La guerra también es por mi
culpa?
-No te he podido engañar, eh
enano. –el mueve la cabeza con mucha energía. Se me acerca y me susurra muy
bajito:
-Si fueran fegos antifiables,
perdón fegos antiinflamables, no, bueno como se llamen, estaríamos viéndolos
por la ventana y papá y mamá no estarían tan nerviosos.
-¿Tú también te has dado cuenta?
-Sí, ellos dicen que están
jugando a ver quién coge más cosas, pero yo sé que es mentira, ese juego no
existe. –me seca las lágrimas de los ojos con su pequeña mano de marfil.- No
llores Casia, siempre estaré contigo.
Lo abrazo y le doy un beso mientras el
patalea y se niega a que lo toque, lo mismo que hace siempre que le demuestro
mi afecto. Es decir en raras ocasiones como por ejemplo esta misma.
-Casia, no me has respondido.
-No enano, la guerra no es por tu
culpa.
-¿Pero por qué hay guerra?
-¿Ya te han explicado en el cole
como es el mundo y como están repartidas las tierras?
-Si. Hay dos continentes,
Bélfegor, el 1 Continente que es este y Yalder, el 2 Continente.
-Exacto, pues cada uno tiene un
gobernador.
-¿Qué es un gonenador?
-GO-BER-NA-DOR. Pues es un señor
que manda en todo lo que es suyo.
-¿Igual que los antiguos reyes
de los cuentos?
-Si, como un rey.
-Pero, ¿por qué hay guerra?
-Porque el gobernador que hay en
el otro continente quiere dominar todo el mundo.
-Pero...
-Casia tomad estas mochilas y
bajad al sótano.
-¿Por qué? –pregunta el muy
estúpido.
-No salgáis hasta que todo esto
acabe. No, no salgáis durante un buen tiempo, aquí tenéis todo lo necesario
para poder estar un par de semanas escondidos.
-¿Pero vosotros también vendréis
no? –le pregunto.
-Primero tenemos que hacer una
cosa. En unos minutos estamos con vosotros.
Mamá le da un beso y un abrazo a
Dean y se me acerca a mí. Me abraza muy fuerte y me da un beso, cosa que no
hacía desde hace mucho.
-Cuida de tu hermano, te
necesita. –esto me suena. Hace unos años me dijo algo parecido cuando tuvimos
que mudarnos aquí.
-Tranquila mamá, cuidaré de él.
-Te quiero. –¿tiene los ojos
llorosos?
-¿Mamá, esto no es una despedida
verdad?
-Creo que sí, Casia.
-Te quiero mamá, cuidaré de
Dean, te lo prometo.
-Confío en ti hija.
Papá que ya se ha despedido de
Dean me da un beso y me abraza fuertemente contra su pecho.
-Casia, mi pequeña Casia, mi
princesa. Te voy a echar mucho de menos.
-Te quiero papá. –las lágrimas
corren a gran velocidad por mis mejillas. Lo abrazo con todas mis fuerza. No
quiero que nadie lo separe de mí.
-Casia, no llores.
-Pero…
-¿Sabías que tu nombre significa
fuerza? –niego con la cabeza- Tu debes ser así, no le tengas miedo a nada, tu
puedes derrumbar todos los obstáculos que hay en la vida. Simplemente porque
eres fuerte.
-Pero papá, tu no vas a estar
junto a mí para ayudarme. No vas a estar para consolarme si fallo, no vas a
estar si necesito tus consejos.
-Claro que estaré. –Se separa de
mi – Siempre estaré aquí, en tu corazón. Háblame, y yo esté donde esté,
escucharé.
Me da un último beso y me separa de él.
-Ahora corre Casia, esconderos y
no salgáis para nada.
Cojo a mi hermano de la mano y lo arrastro
hacia el sótano, bajamos las escaleras y veo como papá devuelve a su sitio la
estantería. Y coloca más libros para que no entre la luz del sol y así nadie
nos pueda ver.
Nos quedamos unos minutos a
oscuras cuando oímos un extraño sonido, como si se hubiese derrumbado la pared
izquierda en la que colgamos las fotos familiares y los dibujos de Dean.
-¿Casia, qué pasa?
-Quédate aquí y no te muevas.
Subo las escaleras, empujo un
poco la estantería con todas mis fuerzas y consigo obtener una rendija por la
cual puedo ver lo que está sucediendo en el exterior.
Observo con incredulidad, como
un tanque ha atravesado la pared de las fotos, hace unos segundos y bajo el se
encuentra mamá. Papá está sentado a su lado tranquilizándola, acariciándole la
cara ensangrentada.
Veo como los soldados se
interponen entre la única salida y contemplan la escena con una fría sonrisa,
todos excepto uno, que parece entristecido. Estoy a punto de gritarles que
quiten la odiosa máquina de encima de ella, pero me callo porque sé que
correríamos un grave peligro si se me ocurre abrir la boca, todos los esfuerzos
de mis padres para escondernos de estos soldados no habrían servido de nada.
Después de caricias y palabras
dulces mi madre muere. Obvio, debe de haber perdido tanta sangre…
Papá se levanta, él siempre
decía que nunca sería humillado por unos soldados de pacotilla, y si tenía que
morir en sus manos lo haría con la cabeza bien alta.
Eso mismo fue lo que hizo. Les
miro a los ojos y dijo dos palabras:
-Lo pagareis.
Sueltan unas horrorosas
carcajadas y le disparan.
No entiendo como en este mundo
existen personas que pueden asesinar a sangre fría, sin tener
remordimientos.
Empiezo a llorar de nuevo y me
encojo sobre mi misma.
Mis padres han sacrificado sus
vidas para salvarnos, y así impedir que nos hicieran lo mismo.
¿Cómo es posible que en unos
minutos mi vida haya podido cambiar? ¿Por qué me pasa esto a mí?
-Lastima, la mujer era guapa.
–dice uno de los soldados.
Oigo como se alejan con sus
asquerosas risas.
Bajo lentamente las escaleras
hasta llegar junto a mi hermano. Está abrazando a su osito y no dice ni una
palabra. Me siento a su lado y los abrazo a ambos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario