Capítulo 2:
Nos quedamos abrazados un buen
rato, hasta que el decide romper el silencio. ¿Es que no sabe cerrar esa boca
ni en los peores momentos?
-Casia, ¿prometes no dejarme
nunca solo?
-Te lo prometo Dean. –por una
vez no dice ninguna tontería. Debe de haber sido un golpe muy fuerte para él,
pobrecito.
-¿Prometes que no dejarás que me
pase lo mismo que a papá y mamá? –estando aquí abajo a entendido lo que ha
ocurrido, que chico más listo.
-Te lo prometo.
-¿Prometes que saldremos de esta
vivos?
-Te lo prometo, no habrá nada ni
nadie en este mundo que pueda separarnos.
-Y ¿prometes que cuando acabe
esto tendremos una casa grande con una habitación llena de juguetes y chocolate
para mí y Lara? –¡cómo no! ya decía yo que era extraño que no dijese tonterías.
-Sí, lo intentaré.
-Te quiero Casia.
-Y yo a ti, enano.
Se separa de mí, sube las
escaleras y se gira. Parece un bailarín cuando hace esos saltitos.
-Casia. ¿Puedo salir a coger una
foto de papá y mamá? La del día de tu cumple, en la foto parecen muy contentos,
todos menos yo.
-No. -contesto bruscamente.
-Por fa. –otra vez esa cara de
pena. ¡Aix, que se le va a hacer!
-Vale, pero saldré yo.
-Quiero ir contigo. Por fa,
déjame ir contigo.
-Tú no puedes Dean, eres pequeño
y no quiero que corras el riesgo de que te pase algo.
-Pero le prometí a papá que
cuidaría de ti, y que no te dejaría sola nunca. –nos han hecho prometer lo
mismo a los dos. Vaya padres que tengo, o mejor dicho “tenía”.
-No me va a pasar nada, saldré,
cogeré la foto y volveré rápidamente a tu lado. –lo abrazo fuertemente, no
sabes cuánto te quiero pequeño.
Haber, voy a ordenar mis ideas.
¿Qué posibilidades tengo de poder mover esta estantería? Creo que una entre
cien. A papá le costó cerrarla y mira
que él tenía una fuerza descomunal. Joder, ya estoy hablando en pasado.
-Dean, mi plan es este. Primero
me ayudarás a empujar la estantería y cuando yo salga, tú tendrás que intentar
devolverla a su sitio.
-Pero tú estarás fuera.
-Cállate enano. Quieres la foto
¿no? Pues escúchame y cierra tu estúpida boca, o me iré y te dejaré aquí solo,
para siempre. –asiente con la cabeza, cierra la boca como si se tratase de una
cremallera y tira la imaginaria llave lejos- ¿Dónde me había quedado?
-En que…-se tapa la boca con sus
pequeñas manos y me mira con los ojos llenos de lágrimas.
-Ah sí, ya me acuerdo. Tu
intentas devolver la estantería a su sitio, cuando yo encuentre la foto vendré
hacia aquí y te ayudaré. Estaremos a salvo en nuestro escondite con la foto en
nuestras manos. –Dean levanta la mano para pedir el turno de palabra. Que
gracioso, parece que estamos en el colegio.
-¿Para qué tengo que devolver la
estantería a su sitio?
-Porque si me ve algún soldado,
vendré corriendo y tardaremos menos tiempo en cerrarle el paso. Además
utilizaremos este palo como palanca y te será más fácil empujar la estantería.
Empezamos a empujar, y en cuanto la
estantería se mueve unos centímetros, miro hacia el exterior.
-Vía libre Capitán Dean. –el
empieza a reír y a taparse la boca con las manos, como siempre.
-Vale Capitana Casia. –seguimos
empujando.
-Para Dean, creo que quepo por
aquí. Vale, ahora te toca hacer tu parte del plan. Empuja con todas tus
fuerzas. –le doy un beso y me alejo.
Ok, estoy en territorio enemigo.
Tal y como diría Dean.
La foto tendría que estar debajo
de esos escombros, porque allí estaba la pared en la que colgábamos las fotos y
los dibujos de mi hermano. Camino hacia esa dirección. Qué pena, en esta casa
tengo muy buenos recuerdos, aunque también malos.
Ya veo la foto. Está encima de
esos escombros. Me agacho para coger el marco y…
Como he podido olvidar esto.
Estaba tan entusiasmada con la idea de tener algo de mis padres que me olvidé
que ellos estaban fuera esperándome para darme una última despedida. Caigo de
rodillas junto a sus cuerpos inertes. Por mi cabeza empiezan a pasar las
imágenes de ellos. Mi madre bajo ese pesado tanque, bueno ahora que lo
recuerdo, no era un tanque exactamente. Era una especie de maquina parecida a
un tanque pero más mortífera. Y luego a mi padre encarándose a los soldados.
Estoy llorando otra vez, no me gusta sentirme débil.
La verdad es que a quien más
echaré de menos es a mi padre. Él fue el que me entendió cuando tuvimos que
dejarlo todo por Dean. En cuanto cumplió dos años, los médicos se dieron cuenta
de que tenía una enfermedad no recuerdo bien su nombre. Solo se que por culpa
de eso tuvimos que irnos. Los especialistas aseguraban que si Dean pasaba más
tiempo en Yalder, moriría, ya que no se podía adaptar al clima de él. Allí tuve
que dejar a mi mejor amigo Édric entre otros y a mi novio Guido.
Papá fue el único que me
entendió cuando no quería ir al nuevo instituto, ni hacer otros amigos en este
extraño continente. Pero mamá no lo entendía y me obligaba a ir a las clases.
Cuando volvía a casa me conectaba y empezaba a hablar con mis amigos, sobre
todo con Édric, gracias a él estaba al tanto de todo lo que sucedía con Guido,
ya que no tenía forma de hablar con él. No respondía a ningún mensaje que le
enviaba. Yo no tenía la culpa de haberme ido y aun lo quería. Édric me daba
noticias suyas. Al cabo de un tiempo, el gobierno decidió quitarnos todos los
objetos electrónicos con la intención de que los que vivíamos aquí no podamos
contactar con los del otro continente y también porque pensaba que volviendo a
vivir como hace siglos, ayudaría con la economía del país. En parte tenía
razón, por culpa de la tecnología los jóvenes no salíamos de casa excepto para
ir al cole
Las últimas noticias que tuve de
Guido me dolieron mucho. Esto es justamente lo que me dijo Édric:
<< Hola Casia.
Esta mañana me he acercado a
Guido para hablarle de ti, me dijo que lo dejase en paz, y que no me metiese en
su vida, que no le interesaba lo que sintiese una persona que para acabar con
la relación que tenían ha tenido que inventarse una excusas de lo más patética
e irse lejos para no enfrentarse con los remordimientos y que ya tenía
bastantes problemas para tener que ocuparse de otros. Le he dicho que era
verdad lo de la enfermedad de tu hermano, que lo quieres y que no había sido tu
culpa que te hubieses ido, pero él es tan terco que pasó olímpicamente de mí.
Después de clase, le dije que
tenía que decirte algo, que tú estabas muy mal, y que si no recibías un mensaje
de él explicándote porque está enfadado te suicidarías.
Vale, me he pasado diciendo
esto, pero es que le he dicho todo lo que tenía que saber, pero no le
importaba.
Estoy seguro de que te enviará
algo, pero dale un margen de tiempo, el chico tiene que pensar en que te va a
decir. Y si no lo hace, tú me lo dices y
yo me convertiré en su peor pesadilla. Te escribo mañana, pero antes, quiero
que me prometas que ese tal Mickaël no me va a quitar el puesto de mejor amigo
¿Ok?
Un beso, Édric. >>
Le respondí que él es y siempre
será mi mejor amigo. Nunca cerraba el ordenador por las noches, por si tenía
que recibir algo importante. Esa misma noche, cuando decidí meterme en la cama,
recibí un nuevo mensaje de Édric que decía así:
<< Hola Casia.
Allí es de noche ¿no? ¿Ya estás
metida en la cama? Pues si lo estás siento mucho despertarte, pero tengo que
decirte algo muy importante.
Bueno Casia, la verdad es que no
sé cómo decirte esto. Sé que te va a doler, pero creo que es lo mejor que puedo
hacer como amigo tuyo.
Hace un rato me encontré con
Guido en el centro comercial. Estaba con una chica muy guapa, y cuando me vio,
le dio un beso para hacerme saber que está con ella. Puede que sea por eso por
lo que no quiere hablar contigo.
Mi consejo es que te olvides de
él, no te merece. Cuando salías, lo vi un par de veces con otras, pero nunca te
lo he dicho para no tener que hacerte daño. Te ha estado engañando desde que
estáis juntos. Todos lo sabían excepto tú. Me arrepiento de no habértelo dicho
antes. Pero entiéndeme, estabas loca por él y no me habrías creído. Te habrías
enfadado conmigo y no me habrías vuelto a hablar. Como cuando Alié te lo dijo y
no la creíste. Dejasteis de ser amigas y os odiabais, cosa que yo no habría
soportado si me hubiese pasado.
Perdóname por favor. No quería
escondértelo, pero estaba seguro que si hubieses tenido que elegir entre mi
versión y la suya, habrías elegido la de él. Habrías dicho que tu teoría de que
soy gay es verdad y que simplemente tenía celos de ti.
Por cierto, esa teoría ha
surgido porque según lo que tú dices, soy un creído que me paso el día diciendo
que estoy buenísimo y que soy guapo. Y que los gays siempre intentan esconder
su verdadera identidad diciendo ese tipo de cosas. Casia, tú me conoces y
tienes que aceptarlo, tengo muy buen cuerpo y ya sabes que me viene de
familia y eso no lo puedes negar, recuerda
que hace unos meses cuando lo deje con mi novia
me intentaste animar diciendo que estoy buenísimo y que en un futuro
sería famoso. Así que acéptalo de una vez.
Bueno no voy a cambiar de tema,
espero haberte sacado una sonrisa al menos. Si me respondes es porque me has
perdonado, si no, pues sabré que he metido la pata y te enviaré miles de
mensajes al día hasta que me perdones.
Un beso, Édric. >>
Leí la carta unas veinte veces,
porque no me creía lo que me decía, hasta el punto de sabérmela de memoria.
Esperé un rato pensando que Édric me estaba gastando una broma y enseguida me
iba a escribir: < Es broma, no te lo habrás creído ¿no?> o
<Es mentira> como en los
viejos tiempos. Pero ninguna de esas frases o cualquier otra llego a la
pantalla de mi ordenador.
Me estiré en mi cama mientras pensaba
en lo que él me había escrito.
¿De verdad Guido me ha estado
engañando desde siempre? ¿He perdido a una amiga simplemente porque me decía la
verdad y no la quise creer? ¿Habría creído a Édric si me hubiese dicho la
verdad?
En cuanto me vino a la cabeza las
últimas frases que escribió antes de despedirse me levanté de un salto. Tenía
que responderle ahora mismo. En cuanto me senté enfrente del ordenador, la
puerta de mi habitación se abrió y entro el Gobernador, cogió el cable del
ordenador que estaba enchufado y lo quito. La pantalla de mi ordenador se quedó
oscura. Sí, la tecnología que teníamos aquí era muy, pero que muy antigua.
En ese momento comprendí que no
iba a poder responder a Édric nunca y lo peor, que el pensará que no quería
hablar con él, que me había enfadado y se daría por vencido al ver que no
respondo a ninguno de los mensajes que me mandará durante meses.
Cogieron el ordenador y lo
depositaron en el carrito donde tenían los videojuegos de Dean, mi reproductor
de música y todos los objetos electrónicos que había en casa. La verdad, es que
no sé que van a hacer con estos cacharros. En Yalder, la tecnología está mejor desenvolupada y no utilizan
ni ordenadores ni móviles... Mientras que allí se pueden comunicar poniéndose
unos auriculares, estar enfrente de una pantalla o llevar un pequeño
dispositivo que llevan siempre encima y pensar lo que querían escribir,
nosotros tenemos que hacerlo con el teclado del ordenador, que encima está
enchufado a la corriente. Qué asco de continente. Tienen cosas espectaculares, Édric siempre me
hablaba de todas las artilugios que salían en venda y que se los quería
comprar. Además como quiere ser DJ, cada día sacan nuevos aparatos para
trabajar con la música. Él es uno de los mejores DJs que conozco y estoy segura
de que llegará muy lejos.
Se pusieron a buscar en mi
habitación, abrieron cajones, sacaron todo lo que había en el armario y tiraron
todo lo que había en mi caja de los recuerdos, la cual no dejo que nadie toque.
Pero en esos momentos tenía la cabeza en otro lado. Solo pensaba que había
dejado a Édric para siempre y que no volvería a contactar con él nunca
más.
<…>
-Eh tú. –escucho una voz detrás
de mí.
Mierda, me han pillado. Me seco
las lágrimas, cojo la foto, me levanto y hecho un vistazo hacia atrás.
Veo la silueta de un hombre que
camina con paso decidido hacia aquí. Está muy lejos y de camino aquí se
interpone lo que quedaba de las paredes de mi casa.
Empiezo a correr, y ¿Pero que es
esto? La estantería se está moviendo a una velocidad extraordinaria. Es
imposible que Dean tenga tanta fuerza para poderla mover de esta manera.
-¡Corre, corre!- grita Dean
desesperado.
Cuando entre Dean y yo queda
poca distancia la estantería se cierra con un gran estrépito. Aporreo la
estantería con todas mis fuerzas y empiezan a caerse los libros.
-Abre Dean. ¡Ábreme!
-No puedo Casia, no puedo. –mi
hermano empieza a sollozar.
-Dean, ábreme. Por favor Dean,
te lo suplico. –Le digo al borde de la desesperación.
-No puedo, pesa mucho y esto está
muy oscuro. Tengo miedo, Casia ven rápido.
-Dean, inténtalo.
-Casia... ¡Ah! –escucho como
Dean cae rodando por las escaleras.
-Dean, Dean, Dean...
¡Respóndeme! –muerto, es la primera palabra que pasa por mi cabeza. No he
podido cumplir mi asquerosa promesa. ¿Por qué he sido tan tonta? Cualquier persona
que estuviese en mi lugar, sabría que no iba a poder cumplirla. Estoy en una
guerra y aquí todos pueden morir, no hay privilegiados y las promesas no tienen
sentido.
Ahora estoy sola, se han muerto
todos: papá, mamá y Dean. Si no hubiese visto los cuerpos de mis padres y no me
hubiese puesto a pensar en el pasado, en estos momentos estaría con él. Soy
idiota, se me había olvidado que Dean tiene claustrofobia, y miedo a la
oscuridad. No tendría que haber salido, papá dijo que no salgamos, que todo lo
que necesitábamos estaba en el interior de las mochilas, pero se había olvidado
de la foto.
Si no fuese tan estúpida, habría
retenido el deseo de tener sus rostros sonrientes de nuevo conmigo.
Ya no merece la pena seguir
viviendo, solo espero tener una muerte corta. Mi último pensamiento va dirigido
a mi hermano, hace unos minutos le prometí que juntos saldríamos de esta, y le
he fallado.
Me siento en el suelo apoyando
las manos en la estantería y empiezo a llorar.
Miro hacia atrás i veo al
soldado de antes, que ahora está un poco más cerca, saca una pistola y me
apunta con ella mientras sigue corriendo hacia aquí.
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