viernes, 19 de diciembre de 2014

Capítulo 2

Capítulo 2:

Nos quedamos abrazados un buen rato, hasta que el decide romper el silencio. ¿Es que no sabe cerrar esa boca ni en los peores momentos?
-Casia, ¿prometes no dejarme nunca solo?
-Te lo prometo Dean. –por una vez no dice ninguna tontería. Debe de haber sido un golpe muy fuerte para él, pobrecito.
-¿Prometes que no dejarás que me pase lo mismo que a papá y mamá? –estando aquí abajo a entendido lo que ha ocurrido, que chico más listo.
-Te lo prometo.
-¿Prometes que saldremos de esta vivos?
-Te lo prometo, no habrá nada ni nadie en este mundo que pueda separarnos.
-Y ¿prometes que cuando acabe esto tendremos una casa grande con una habitación llena de juguetes y chocolate para mí y Lara? –¡cómo no! ya decía yo que era extraño que no dijese tonterías.
-Sí, lo intentaré.
-Te quiero Casia.
-Y yo a ti, enano.
Se separa de mí, sube las escaleras y se gira. Parece un bailarín cuando hace esos saltitos.
-Casia. ¿Puedo salir a coger una foto de papá y mamá? La del día de tu cumple, en la foto parecen muy contentos, todos menos yo.
-No. -contesto bruscamente.
-Por fa. –otra vez esa cara de pena. ¡Aix, que se le va a hacer!
-Vale, pero saldré yo.
-Quiero ir contigo. Por fa, déjame ir contigo.
-Tú no puedes Dean, eres pequeño y no quiero que corras el riesgo de que te pase algo.
-Pero le prometí a papá que cuidaría de ti, y que no te dejaría sola nunca. –nos han hecho prometer lo mismo a los dos. Vaya padres que tengo, o mejor dicho “tenía”.
-No me va a pasar nada, saldré, cogeré la foto y volveré rápidamente a tu lado. –lo abrazo fuertemente, no sabes cuánto te quiero pequeño.
Haber, voy a ordenar mis ideas. ¿Qué posibilidades tengo de poder mover esta estantería? Creo que una entre cien.  A papá le costó cerrarla y mira que él tenía una fuerza descomunal. Joder, ya estoy hablando en pasado.
-Dean, mi plan es este. Primero me ayudarás a empujar la estantería y cuando yo salga, tú tendrás que intentar devolverla a su sitio.
-Pero tú estarás fuera.
-Cállate enano. Quieres la foto ¿no? Pues escúchame y cierra tu estúpida boca, o me iré y te dejaré aquí solo, para siempre. –asiente con la cabeza, cierra la boca como si se tratase de una cremallera y tira la imaginaria llave lejos- ¿Dónde me había quedado?
-En que…-se tapa la boca con sus pequeñas manos y me mira con los ojos llenos de lágrimas.
-Ah sí, ya me acuerdo. Tu intentas devolver la estantería a su sitio, cuando yo encuentre la foto vendré hacia aquí y te ayudaré. Estaremos a salvo en nuestro escondite con la foto en nuestras manos. –Dean levanta la mano para pedir el turno de palabra. Que gracioso, parece que estamos en el colegio.
-¿Para qué tengo que devolver la estantería a su sitio?
-Porque si me ve algún soldado, vendré corriendo y tardaremos menos tiempo en cerrarle el paso. Además utilizaremos este palo como palanca y te será más fácil empujar la estantería.
     Empezamos a empujar, y en cuanto la estantería se mueve unos centímetros, miro hacia el exterior.
-Vía libre Capitán Dean. –el empieza a reír y a taparse la boca con las manos, como siempre.
-Vale Capitana Casia. –seguimos empujando.
-Para Dean, creo que quepo por aquí. Vale, ahora te toca hacer tu parte del plan. Empuja con todas tus fuerzas. –le doy un beso y me alejo.
Ok, estoy en territorio enemigo. Tal y como diría Dean.
La foto tendría que estar debajo de esos escombros, porque allí estaba la pared en la que colgábamos las fotos y los dibujos de mi hermano. Camino hacia esa dirección. Qué pena, en esta casa tengo muy buenos recuerdos, aunque también malos.
Ya veo la foto. Está encima de esos escombros. Me agacho para coger el marco y…
Como he podido olvidar esto. Estaba tan entusiasmada con la idea de tener algo de mis padres que me olvidé que ellos estaban fuera esperándome para darme una última despedida. Caigo de rodillas junto a sus cuerpos inertes. Por mi cabeza empiezan a pasar las imágenes de ellos. Mi madre bajo ese pesado tanque, bueno ahora que lo recuerdo, no era un tanque exactamente. Era una especie de maquina parecida a un tanque pero más mortífera. Y luego a mi padre encarándose a los soldados. Estoy llorando otra vez, no me gusta sentirme débil.
La verdad es que a quien más echaré de menos es a mi padre. Él fue el que me entendió cuando tuvimos que dejarlo todo por Dean. En cuanto cumplió dos años, los médicos se dieron cuenta de que tenía una enfermedad no recuerdo bien su nombre. Solo se que por culpa de eso tuvimos que irnos. Los especialistas aseguraban que si Dean pasaba más tiempo en Yalder, moriría, ya que no se podía adaptar al clima de él. Allí tuve que dejar a mi mejor amigo Édric entre otros y a mi novio Guido.
Papá fue el único que me entendió cuando no quería ir al nuevo instituto, ni hacer otros amigos en este extraño continente. Pero mamá no lo entendía y me obligaba a ir a las clases. Cuando volvía a casa me conectaba y empezaba a hablar con mis amigos, sobre todo con Édric, gracias a él estaba al tanto de todo lo que sucedía con Guido, ya que no tenía forma de hablar con él. No respondía a ningún mensaje que le enviaba. Yo no tenía la culpa de haberme ido y aun lo quería. Édric me daba noticias suyas. Al cabo de un tiempo, el gobierno decidió quitarnos todos los objetos electrónicos con la intención de que los que vivíamos aquí no podamos contactar con los del otro continente y también porque pensaba que volviendo a vivir como hace siglos, ayudaría con la economía del país. En parte tenía razón, por culpa de la tecnología los jóvenes no salíamos de casa excepto para ir al cole
Las últimas noticias que tuve de Guido me dolieron mucho. Esto es justamente lo que me dijo Édric:

<< Hola Casia.

Esta mañana me he acercado a Guido para hablarle de ti, me dijo que lo dejase en paz, y que no me metiese en su vida, que no le interesaba lo que sintiese una persona que para acabar con la relación que tenían ha tenido que inventarse una excusas de lo más patética e irse lejos para no enfrentarse con los remordimientos y que ya tenía bastantes problemas para tener que ocuparse de otros. Le he dicho que era verdad lo de la enfermedad de tu hermano, que lo quieres y que no había sido tu culpa que te hubieses ido, pero él es tan terco que pasó olímpicamente de mí.
Después de clase, le dije que tenía que decirte algo, que tú estabas muy mal, y que si no recibías un mensaje de él explicándote porque está enfadado te suicidarías.
Vale, me he pasado diciendo esto, pero es que le he dicho todo lo que tenía que saber, pero no le importaba.  

Estoy seguro de que te enviará algo, pero dale un margen de tiempo, el chico tiene que pensar en que te va a decir.  Y si no lo hace, tú me lo dices y yo me convertiré en su peor pesadilla. Te escribo mañana, pero antes, quiero que me prometas que ese tal Mickaël no me va a quitar el puesto de mejor amigo ¿Ok?   

Un beso, Édric. >>

Le respondí que él es y siempre será mi mejor amigo. Nunca cerraba el ordenador por las noches, por si tenía que recibir algo importante. Esa misma noche, cuando decidí meterme en la cama, recibí un nuevo mensaje de Édric que decía así:


<< Hola Casia.

Allí es de noche ¿no? ¿Ya estás metida en la cama? Pues si lo estás siento mucho despertarte, pero tengo que decirte algo muy importante.
Bueno Casia, la verdad es que no sé cómo decirte esto. Sé que te va a doler, pero creo que es lo mejor que puedo hacer como amigo tuyo.

Hace un rato me encontré con Guido en el centro comercial. Estaba con una chica muy guapa, y cuando me vio, le dio un beso para hacerme saber que está con ella. Puede que sea por eso por lo que no quiere hablar contigo.

Mi consejo es que te olvides de él, no te merece. Cuando salías, lo vi un par de veces con otras, pero nunca te lo he dicho para no tener que hacerte daño. Te ha estado engañando desde que estáis juntos. Todos lo sabían excepto tú. Me arrepiento de no habértelo dicho antes. Pero entiéndeme, estabas loca por él y no me habrías creído. Te habrías enfadado conmigo y no me habrías vuelto a hablar. Como cuando Alié te lo dijo y no la creíste. Dejasteis de ser amigas y os odiabais, cosa que yo no habría soportado si me hubiese pasado.

Perdóname por favor. No quería escondértelo, pero estaba seguro que si hubieses tenido que elegir entre mi versión y la suya, habrías elegido la de él. Habrías dicho que tu teoría de que soy gay es verdad y que simplemente tenía celos de ti.
Por cierto, esa teoría ha surgido porque según lo que tú dices, soy un creído que me paso el día diciendo que estoy buenísimo y que soy guapo. Y que los gays siempre intentan esconder su verdadera identidad diciendo ese tipo de cosas. Casia, tú me conoces y tienes que aceptarlo, tengo muy buen cuerpo y ya sabes que me viene de familia  y eso no lo puedes negar, recuerda que hace unos meses cuando lo deje con mi novia  me intentaste animar diciendo que estoy buenísimo y que en un futuro sería famoso. Así que acéptalo de una vez.

Bueno no voy a cambiar de tema, espero haberte sacado una sonrisa al menos. Si me respondes es porque me has perdonado, si no, pues sabré que he metido la pata y te enviaré miles de mensajes al día hasta que me perdones.

Un beso, Édric. >>


Leí la carta unas veinte veces, porque no me creía lo que me decía, hasta el punto de sabérmela de memoria. Esperé un rato pensando que Édric me estaba gastando una broma y enseguida me iba a escribir: < Es broma, no te lo habrás creído ¿no?> o
<Es mentira> como en los viejos tiempos. Pero ninguna de esas frases o cualquier otra llego a la pantalla de mi ordenador.
Me estiré en mi cama mientras pensaba en lo que él me había escrito.
¿De verdad Guido me ha estado engañando desde siempre? ¿He perdido a una amiga simplemente porque me decía la verdad y no la quise creer? ¿Habría creído a Édric si me hubiese dicho la verdad?
En cuanto me vino a la cabeza las últimas frases que escribió antes de despedirse me levanté de un salto. Tenía que responderle ahora mismo. En cuanto me senté enfrente del ordenador, la puerta de mi habitación se abrió y entro el Gobernador, cogió el cable del ordenador que estaba enchufado y lo quito. La pantalla de mi ordenador se quedó oscura. Sí, la tecnología que teníamos aquí era muy, pero que muy antigua.
En ese momento comprendí que no iba a poder responder a Édric nunca y lo peor, que el pensará que no quería hablar con él, que me había enfadado y se daría por vencido al ver que no respondo a ninguno de los mensajes que me mandará durante meses.
Cogieron el ordenador y lo depositaron en el carrito donde tenían los videojuegos de Dean, mi reproductor de música y todos los objetos electrónicos que había en casa. La verdad, es que no sé que van a hacer con estos cacharros. En Yalder, la tecnología está mejor desenvolupada y no utilizan ni ordenadores ni móviles... Mientras que allí se pueden comunicar poniéndose unos auriculares, estar enfrente de una pantalla o llevar un pequeño dispositivo que llevan siempre encima y pensar lo que querían escribir, nosotros tenemos que hacerlo con el teclado del ordenador, que encima está enchufado a la corriente. Qué asco de continente.  Tienen cosas espectaculares, Édric siempre me hablaba de todas las artilugios que salían en venda y que se los quería comprar. Además como quiere ser DJ, cada día sacan nuevos aparatos para trabajar con la música. Él es uno de los mejores DJs que conozco y estoy segura de que llegará muy lejos. 
Se pusieron a buscar en mi habitación, abrieron cajones, sacaron todo lo que había en el armario y tiraron todo lo que había en mi caja de los recuerdos, la cual no dejo que nadie toque. Pero en esos momentos tenía la cabeza en otro lado. Solo pensaba que había dejado a Édric para siempre y que no volvería a contactar con él nunca más.  


<…>


-Eh tú. –escucho una voz detrás de mí.
Mierda, me han pillado. Me seco las lágrimas, cojo la foto, me levanto y hecho un vistazo hacia atrás.
Veo la silueta de un hombre que camina con paso decidido hacia aquí. Está muy lejos y de camino aquí se interpone lo que quedaba de las paredes de mi casa.
Empiezo a correr, y ¿Pero que es esto? La estantería se está moviendo a una velocidad extraordinaria. Es imposible que Dean tenga tanta fuerza para poderla mover de esta manera.
-¡Corre, corre!- grita Dean desesperado. 
Cuando entre Dean y yo queda poca distancia la estantería se cierra con un gran estrépito. Aporreo la estantería con todas mis fuerzas y empiezan a caerse los libros.
-Abre Dean. ¡Ábreme!
-No puedo Casia, no puedo. –mi hermano empieza a sollozar.
-Dean, ábreme. Por favor Dean, te lo suplico. –Le digo al borde de la desesperación.  
-No puedo, pesa mucho y esto está muy oscuro. Tengo miedo, Casia ven rápido.
-Dean, inténtalo.
-Casia... ¡Ah! –escucho como Dean cae rodando por las escaleras.
-Dean, Dean, Dean... ¡Respóndeme! –muerto, es la primera palabra que pasa por mi cabeza. No he podido cumplir mi asquerosa promesa. ¿Por qué he sido tan tonta? Cualquier persona que estuviese en mi lugar, sabría que no iba a poder cumplirla. Estoy en una guerra y aquí todos pueden morir, no hay privilegiados y las promesas no tienen sentido. 
Ahora estoy sola, se han muerto todos: papá, mamá y Dean. Si no hubiese visto los cuerpos de mis padres y no me hubiese puesto a pensar en el pasado, en estos momentos estaría con él. Soy idiota, se me había olvidado que Dean tiene claustrofobia, y miedo a la oscuridad. No tendría que haber salido, papá dijo que no salgamos, que todo lo que necesitábamos estaba en el interior de las mochilas, pero se había olvidado de la foto.
Si no fuese tan estúpida, habría retenido el deseo de tener sus rostros sonrientes de nuevo conmigo. 
Ya no merece la pena seguir viviendo, solo espero tener una muerte corta. Mi último pensamiento va dirigido a mi hermano, hace unos minutos le prometí que juntos saldríamos de esta, y le he fallado.
Me siento en el suelo apoyando las manos en la estantería y empiezo a llorar.

Miro hacia atrás i veo al soldado de antes, que ahora está un poco más cerca, saca una pistola y me apunta con ella mientras sigue corriendo hacia aquí.

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